El comienzo de todo



Todo comenzó un martes. O tal vez un jueves. O en esa franja temporal indefinida donde las ideas flotan, a la espera de que alguien las agarre del cuello y las sacuda hasta que tomen forma.

Al principio, SmartXpression no tenía nombre. Era solo una sospecha, un murmullo en la parte trasera de la cabeza: ¿qué pasa cuando la creatividad se encuentra con los algoritmos? ¿Cuando el SEO dicta lo que se escribe, pero nadie recuerda quién lo escribió? ¿Cuando las inteligencias artificiales fabrican historias más rápido de lo que un humano puede pensarlas?

Hubo debates acalorados en cafés con nombres pretenciosos, anotaciones en servilletas que luego se perdieron, palabras tachadas y vueltas a escribir. No se llegó a ninguna conclusión definitiva (¿acaso alguna vez se llega?), pero sí llegamos a una certeza: si la tecnología está reescribiendo la forma en que creamos, habrá que sentarse a escribir sobre ello.

Porque SmartXpression no es un manifiesto ni una guía para seguir las tendencias. Es un lugar para detenerse y mirar el caos digital con cierta ironía, con la sospecha de que detrás del ruido hay algo más.

Aquí hablamos de diseño sin diseñar, de storytelling sin manuales de storytelling, de UX sin necesidad de una interfaz que nos limite. Nos obsesionan las preguntas que no caben en un snippet de Google, los textos que desafían el scroll infinito, los relatos que podrían haber sido escritos por una IA… pero no lo fueron.

Si esperabas encontrar aquí una declaración de intenciones clara, lo sentimos. O no. SmartXpression es lo que pasa cuando la tecnología intenta domar la creatividad y la creatividad se resiste. Es el punto medio entre el arte y el código, entre la lógica y el absurdo, entre el texto que Google quiere y el que nosotros preferimos escribir.

Quizá nada de esto tenga sentido. O quizá lo tenga todo.